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Con el inicio de la vacunación a los adultos mayores una discusión se centró en fustigar a quienes se quejaron de que hubiera que hacer filas para recibir la inyección. El debate podría ser otro: cómo logramos que los ancianos del país reciban mejor atención en estos casos. Pero, para eso, tendríamos que dejar el pleito atrás y centrarnos en diseñar servicios públicos de calidad.



