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Aferrarse a las heridas es como llevar brazas ardientes en el corazón. Por eso debemos hablar y entregarle a Dios nuestro dolor, para que Él nos sane.
Aferrarse a las heridas es como llevar brazas ardientes en el corazón. Por eso debemos hablar y entregarle a Dios nuestro dolor, para que Él nos sane.