Desde el comienzo de la creación, el ser humano se dejó seducir por su razonamiento y la envidia y la avaricia del poder. Un ejemplo triste: fue Caín. Asesinó a su hermano Abel dominado por su falta de amor y temor reverente a Dios. Prefirió desafiar a su Creador destinando su vida a lo peor. La influencia de su pecado endureció su mente, como le sucede a muchos hoy día. El ser humano que rehúsa cumplir tus leyes Divinas, se niega el derecho de que Dios dirija y bendiga su vida, y eso lo transforma en un opresor. Pero, ¿Qué pasará con los opresores si nosotros no le enseñamos el camino correcto? ¿Qué será de nosotros si no los amamos? No podemos apartarnos de Su misericordia, debemos amar al opresor también. Dios ama a todos y nosotros debemos aprender a amarlos sin amar su pecado. Oremos juntos para poder lograr esta difícil, pero no imposible encomienda.
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