Show notes
Este don del Espíritu Santo hace tolerante al hombre sobre el cual se podrá erigir la base de una hermandad mundial con toda belleza, y con la seguridad de que soportará todos los vientos de la adversidad, todas las arenas movedizas de la condenación, los cataclismos y tormentas de las acusaciones, y las falsas apariencias.

